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| La “cruzada” de Eliot Spitzer |
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Las actividades fraudulentas de la banca de inversión instalada en la Gran Manzana no son nuevas: el que fuera Fiscal General de Nueva York a principios de siglo, y luego gobernador del Estado apenas un año, Eliot Spitzer, inició importantes procedimientos judiciales contra casi todos los grandes nombres de Wall Street, a los que acusó de prácticas desleales y fraudulentas con sus clientes; pero su imagen pública fue destrozada por el mismo The New York Times en marzo de 2008, publicando noticias que afectaban su vida personal con transacciones económicas que alcanzaron la “astronómica” cifra de 80.000 dólares: fue obligado a dimitir.
Las investigaciones de Spitzer habían molestado a los accionistas de The New York Times, quienes forman parte del “gratín” financiero que maneja los hilos en la Gran Manzana. “Si Merrill hubiera admitido que hizo algo malo, esta misma habría firmado su sentencia de muerte”, declaró Eliot Spitzer, el 21 de mayo de 2002, explicando el acuerdo extrajudicial con Merryll Lynch para el pago de 100 millones de dólares de multa más indemnizaciones –cuya cuantía no se hizo pública–, por recomendar la compra de acciones que el banco tenía calificadas de forma negativa a nivel interno. “Para mí, el pago de la multa es ya suficiente admisión”, declaró. Merrill Lynch hizo pública en esa fecha una nota en la que se disculpaba ante sus clientes, empleados y accionistas por “las comunicaciones inapropiadas que habían salido a la luz a partir de la investigación abierta por el fiscal de Nueva York”. Spitzer consideraba que a partir de ese momento se podrían producir demandas por varios miles de millones contra Merrill Lynch. El fiscal de Nueva York dejó entonces muy claro que su trabajo no había acabado: “Vamos a continuar nuestras investigaciones”. Credit Suisse First Boston, Morgan Stanley, Salomon Smith Barney, UBS y Bearn & Sterns son otros de los bancos de inversión que habían recibido citaciones por parte de la Fiscalía de Nueva York. Cuomo sigue su laborEn agosto de 2008, el sucesor de Spitzer en el cargo, Andrew M. Cuomo, alcanzó un acuerdo extrajudicial por el cual Citigroup recompró el ciento por ciento, entre 7.000 y 14.000 millones de dólares, de bonos ARS (Auction Rate Securities), instrumentos complejos ligados al mercado monetario afectados de iliquidez, comercializados a sus clientes como “seguros, líquidos y casi equivalentes a dinero en efectivo”, lo que hubiera permitido una acusación formal de malas prácticas y asesoramiento desleal. Al igual que a Merrill Lynch en 2002, a Citigroup le fue impuesta una multa de 100 millones de dólares para evitar ser objeto de proceso judicial. Tanto el caso de Merill Lynch como el de Citigroup se produjeron como consecuencia de un conflicto de interés entre sus actividades de banca de inversión y banca comercial, resuelta en un asesoramiento desleal a sus clientes. La existencia de este conflicto de interés estructural se debe a cambios regulatorios que eliminaron la incompatibilidad para el desempeño simultáneo de ambas actividades, vigente en EE.UU. desde la Gran Depresión. Fue en 1999, coincidiendo con el paso definitivo previo a la puesta en circulación física de la moneda única europea y durante el segundo mandato de Bill Clinton, cuando se derogó en EE.UU., mediante una nueva normativa desreguladora. La prudente disposición legal que hasta la fecha había impedido la extensión de la toxicidad bursátil a todo su sistema bancario: la Glass-Steagall Act de 1933 –en ese año, las Cortes de la II República Española aprobaban otra regulación histórica: el Estatuto de las Cajas de Ahorro Populares a iniciativa de Largo Caballero–. Después de la derogación de la Glas-Steagall en 1999 se creó Citigroup, primer conglomerado financiero moderno que operaría ya sin restricciones, confundiendo tras ficticias “murallas chinas”, en una misma entidad, las actividades de la banca comercial y la toxicidad propia de la banca de inversión. Ello tuvo consecuencias nefastas para miles de clientes en todo el mundo, intoxicados por bonos Lehman comercializados por Citibank de forma análoga a los ARS. Territorios
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